Mientras distintos países avanzan en restricciones al uso de redes sociales por parte de menores de edad, expertos advierten que la principal protección sigue estando dentro del hogar.
La creciente preocupación por el impacto de las redes sociales en niños y adolescentes ha llevado a varios países a debatir o implementar restricciones para menores de edad. Sin embargo, una reflexión publicada recientemente por el psiquiatra y escritor cristiano Glynn Harrison plantea una pregunta más profunda: ¿están realmente preparadas las familias para enfrentar los desafíos digitales que afectan a sus hijos?
El especialista sostiene que las prohibiciones pueden ofrecer un alivio temporal a los padres, pero difícilmente resolverán problemas como la exposición a contenidos sexuales, el ciberacoso, la adicción a las pantallas o la presión social que experimentan muchos adolescentes en internet. A su juicio, la verdadera solución requiere una participación más activa de las familias en la educación digital de sus hijos.
La reflexión encuentra eco en la realidad chilena. Durante los últimos años, establecimientos educacionales de todo el país han debido enfrentar situaciones relacionadas con ciberacoso, difusión de imágenes privadas, amenazas a través de redes sociales y conflictos que comienzan en plataformas digitales y terminan afectando la convivencia escolar. Estas problemáticas han llevado incluso a impulsar nuevas regulaciones sobre el uso de teléfonos celulares en contextos educativos.
Según especialistas en infancia y salud mental, los riesgos no provienen únicamente de la tecnología, sino también de la ausencia de acompañamiento adulto. El acceso temprano a redes sociales, la falta de supervisión y la escasa educación digital pueden aumentar la vulnerabilidad de niños y adolescentes frente a contenidos dañinos o relaciones de riesgo.
Para Harrison, el desafío también interpela a los propios adultos. El autor sostiene que muchos padres han terminado normalizando un uso excesivo de la tecnología dentro del hogar, convirtiéndose involuntariamente en modelos de hiperconectividad para sus hijos. En ese contexto, la conversación sobre redes sociales no solo involucra a los menores, sino también a los hábitos digitales de toda la familia.
Más allá de las leyes y restricciones, el debate plantea una pregunta de fondo para la sociedad chilena: ¿estamos enseñando a nuestros hijos a utilizar la tecnología con criterio y responsabilidad, o simplemente estamos intentando protegerlos de sus consecuencias?
Diversos estudios internacionales han vinculado el uso excesivo de redes sociales en adolescentes con mayores niveles de ansiedad, problemas de autoestima, alteraciones del sueño y exposición a situaciones de ciberacoso.
«Las prohibiciones pueden ofrecer un respiro, pero no sustituyen la responsabilidad de las familias en la formación digital de sus hijos», plantea el psiquiatra británico Glynn Harrison.
