Aunque esté apagado, su sola presencia puede afectar la concentración y la calidad de las conversaciones, según investigaciones realizadas por universidades estadounidenses.
Es una escena cotidiana en millones de hogares: una comida familiar, una reunión entre amigos o una jornada de estudio con el teléfono móvil apoyado sobre la mesa, no suena, no vibra y ni siquiera está siendo utilizado. Sin embargo, diversos estudios científicos advierten que su sola presencia podría estar afectando la atención y la forma en que nos relacionamos con quienes tenemos frente a nosotros.
Investigaciones desarrolladas por la Universidad de Texas y la Universidad Virginia Tech concluyeron que mantener el teléfono visible durante una conversación o una tarea cognitiva reduce la capacidad de concentración y disminuye la calidad de las interacciones personales.
Uno de los estudios, realizado por investigadores de la Universidad de Texas, evaluó a cerca de 800 personas mientras realizaban pruebas de memoria y razonamiento. Los resultados mostraron que quienes dejaron el teléfono en otra habitación obtuvieron un mejor desempeño que aquellos que lo mantenían sobre el escritorio, incluso cuando el dispositivo permanecía apagado o boca abajo.
Los investigadores explican que el cerebro destina parte de sus recursos a resistir el impulso de revisar el teléfono, generando una carga cognitiva silenciosa que afecta la capacidad de concentración.
Una segunda investigación, desarrollada por la Universidad Virginia Tech, analizó conversaciones entre distintas parejas de participantes y encontró que la simple presencia de un teléfono sobre la mesa hacía que las conversaciones fueran menos profundas y que las personas demostraran menores niveles de empatía, especialmente cuando existía una relación cercana entre ellas.
Los especialistas describen este fenómeno como una «atención dividida», en la que una parte de nuestra mente permanece disponible para el dispositivo, aunque nunca llegue a utilizarlo.
Un desafío también para las familias chilenas
El uso de teléfonos inteligentes forma parte de la vida diaria de niños, adolescentes y adultos. En Chile, el debate sobre el uso de celulares en establecimientos educacionales ha cobrado fuerza durante los últimos años, mientras distintas comunidades escolares han comenzado a implementar restricciones para favorecer la convivencia y el aprendizaje.
Los resultados de estas investigaciones aportan nuevos antecedentes a esa discusión, mostrando que el impacto del teléfono no depende únicamente del tiempo de uso, sino también de su presencia permanente en los espacios de estudio, trabajo o convivencia familiar.
Más allá de la tecnología, los investigadores coinciden en una recomendación sencilla: cuando se busca concentrarse, estudiar o compartir una conversación importante, guardar el teléfono fuera del campo visual puede marcar una diferencia mayor de la que muchas personas imaginan.
Finalmente, los participantes que dejaron el teléfono en otra habitación obtuvieron un mejor rendimiento cognitivo que quienes lo mantenían sobre la mesa, aun cuando el dispositivo estaba apagado.
